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domingo, 20 de mayo de 2012
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Lecturas
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En muchas ocasiones los judíos de entonces quisieron poner al Señor entre la espada y la pared. En una ocasión fue a propósito de los asuntos del mundo. Los romanos eran los invasores de Israel, considerados los blasfemos de Dios. Para muchos judíos pagar impuestos a los opresores era atentar contra la misma ley divina.

Cristo resuelve la cuestión poniendo a cada uno en su sitio. No mezclar a Dios con argumentos temporales también nos puede resultar difícil. Es más, ¿cuántas veces hemos puesto como excusa nuestra fe para resolver o ignorar un problema que compete estrictamente al orden de lo humano y del mundano? No reclames la solución fácil de un milagro cuando aún no has puesto los medios humanos suficientes y necesarios para gestionar tus asuntos y problemas.

No le eches la culpa a Dios de lo que tu puedes hacer y no haces. Sí, el hombre ha sido creado por Dios, pero Él nos ha dado la libertad necesaria para asumir nuestras propias responsabilidades. Poner a Dios como excusa para resolver nuestras impotencias es olvidar que estamos hechos a su imagen y semejanza, es decir, actuar delante de los demás con coherencia, libertad y justicia. Se trata, en definitiva, de poner en práctica la prudencia de nuestro entendimiento y nuestra voluntad. En esto consiste la autonomía de las realidades temporales.
 
Categoría: Mater Dei

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